Acompañar a personas a diario regala mucha información que, tantas veces, es un espejo para la propia sombra. Aquello que aun precisa sanar y desprogramar. 

El terapeuta precisa entrenar al observador interno y ahondar en la conexión profunda, que permitan desarrollar la presencia, la neutralidad y la empatía necesaria para poder acompañar a otros. 

En mi caso, la rutina de mi propio camino de desarrollo personal implica: 

- un entrenamiento de la atención plena y consciente -mindfulness- a través de la meditación zen.

- la práctica de la conexión física y emocional a un nivel profundo y espiritual.

- el desarrollo de mi adulta amorosa a través del método de los seis pasos Inner Bonding.

- la práctica y supervisión del trabajo de mi propia sombra psíquica junto a otra psicoterapeuta. 

- la práctica de un yoga dinámico que implica movimientos en estado meditativo que acompañan a una respiración plena y consciente.

- la técnica de la escucha activa a través de las llamadas de teléfono anónimas que atiendo, junto a mis compañeros, desde la plataforma social del Teléfono de la Esperanza de Madrid.

- el ejercicio de una alimentación sana y equilibrada que honre y contribuya a la salud de mi cuerpo, el templo del alma.

- la práctica de la intención de nutrir todas las áreas de mi vida- personal, afectiva, laboral, familiar, social.